No sólo había encajado perfectamente en aquel pequeño
espacio lleno de aromas y colores, sino que había encontrado algo que, sin
buscarlo, llegó a él.
Esos grandes ojos verdes lo encandilaron desde el momento en
que se levantaron del libro “La inteligencia fracasada” y le preguntaron
vivaces si buscaba algo en concreto.
Desde entonces, Alén los visitaba casi a diario. Algo lo
empujaba a observarlos. Quizá fueran las pestañas largas y negras, el escaso
maquillaje que los resaltaba o las pecas por las que estaban rodeados.
Había
que admitir que la combinación de pelo largo y oscuro, ojos verdes y pecas era extrañamente
perfecta.